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Tres acercamientos a la violencia de género en Afganistán

Mercè Galán nos presenta tres aproximaciones a la violencia de género en Afganistán a través de las mirada de la activista y autora afgana Nadia Ghulam, del periodista y fotógrafo español Gervasio Sánchez y de la directora de cine iraní Samira Makhmalbaf

Fotografías de Gervasio Sánchez 

Mercè Galán — Feminicidio.net — 10/11/2015

 

España, Valencia - Desde el Programa contra la Violencia de Género organizado por la Unitat d'Igualtat de la Universidad de Valencia, se ha celebrado la conferencia de Nadia Ghulam, que viene a reforzar las imágenes fotográficas de Gervasio Sánchez: Mujeres. Afganistán, con textos de Mónica Bernabé; todo ello en el Centre Cultural La Nau en Valencia. Por otra parte, esas miradas pueden complementarse con la película A las cinco de la tarde, de Samira Makhmalbaf.

 

Nadia Ghulam (Kabul, 1985), coautora del libro El secret del meu turbant (junto a Agnès Rotger), cuenta en primera persona el sufrimiento padecido cuando a los ocho años una bomba la lesionó y le produjo grandes quemaduras, y cómo a los 11 años tuvo que hacerse pasar por chico para poder mantener a su familia, ya que el trabajo estaba vetado a la mujer.

 

Ahora vive y estudia en Barcelona, con la que ella llama su familia catalana, recuperada del trauma que le causaron las bombas y el fuego talibán. Ghulam ve el futuro de su país y el de las mujeres con cierto optimismo, sabiendo que la brecha que abrió esa guerra se curará con muchos años de paciente reconstrucción, tanto física como psicológica, y desde la creación de escuelas que puedan garantizar la salida de la ignorancia así como la igualdad entre las personas.

 

Antes del régimen talibán, cuenta Ghulam, en Kabul se gozaba de una libertad e igualdad semejante a la europea. Su madre, por ejemplo, llevaba minifalda, pero después fueron obligadas a ponerse el burka, una cárcel metafórica que las hizo invisibles en la esfera pública y en todos los ámbitos de poder y de decisión.

 

Con un padre traumatizado por la pérdida de su hijo, ella tomó la decisión de encarnar la identidad de su hermano durante un periodo de 10 años y así trabajar en la construcción, el campo o lo que le saliera con el fin de dar de comer a sus padres y hermanas. Su vocación siempre ha sido la de estudiar y ahora mismo lo hace en la universidad en Barcelona, e insiste en la importancia de la educación en las mujeres para que no puedan ser engañadas con normas que sirven para someterlas.

 

Cuando se escucha a Nadia Ghulam hablando en perfecto catalán y con soltura empática, nadie diría que ha sufrido tanto, a lo que ella responde que la ayuda psicológica de su madre catalana la ha ayudado a curar sus heridas y que su país necesita muchas psicólogas como ella. La sala de la conferencia, que estaba abarrotada de jóvenes estudiantes, conectó rápidamente con ella, en una vivencia llena de matices que Nadia supo verbalizar y transmitir con optimismo. Un optimismo hacia los cambios que están sucediendo en su país, que recientemente visitó, pese a que es consciente que nada es fácil en esta vida.

 

 Nadia Ghulam

La exposición fotográfica de Gervasio Sánchez junto a los textos de Mónica Bernabé se complementa con la narración de Ghulam. Aunque la primera percepción que he sentido al entrar en la sala es la de enfrentarme a unas miradas desbordadas de tristeza. Niñas y adultas comparten un sufrimiento profundo e impuesto, por un lado, por la pobreza y, por otro, por la estructura patriarcal que ha enraizado desde que entraron los talibanes y que las invisibiliza como seres humanos.

 

La mirada de Sánchez es respetuosa, no toma la victimización como objetivo. Se trata, más bien, de la denuncia de la situación real de las mujeres en el Afganistán actual. La muestra expositiva está organizada temáticamente, lo que es un acierto, ya que resulta muy pedagógica para todo tipo de público, que puede establecer un diálogo con las obras y contextualizarlas para su comprensión. De hecho, me llamó poderosamente la atención que hubiera dos grupos organizados, uno de alumnos de instituto y otro con gente mayor, en visitas guiadas que acercaban el trabajo y el contenido de esta muestra para hacer aún más accesible si cabe la comprensión de la situación de las mujeres en Afganistán. Esta labor pedagógica es muy necesaria en nuestra sociedad, ya que aquí las estructuras patriarcales son más sutiles pero siguen presentes.

 

Los bloques temáticos son los siguientes: el matrimonio forzado e infantil; la fuga; la drogodependencia; el suicidio; los avances legales y la realidad; y las consecuencias de la impunidad y la guerra.

 

Como anécdota, puedo contar que unxs chavales no podían creer que en Afganistán una niña violada a la que habían embarazado fuera considera culpable y encerrada en una cárcel reformatorio durante dos años, mientras que al violador no le sucedía absolutamente nada y seguía tan tranquilo con su vida.

 

Si he dicho que las miradas las he sentido como un profundo vacío, también he de reconocer que las más vitales me las ha transmitido un panel de fotografías de niñas que se empoderan a través del deporte, como el boxeo o el fútbol, ya que les permite sentirse más fuertes y seguras.

 

Por último, en el abordaje a esta trama de urdimbres que hacen visible y denuncian la violencia de género en Afganistán, se encuentra la película A las cinco de la tarde (2003), de la iraní Samira Makhmalbaf. Para esta película la directora convenció a gente de la calle para que actuase, en un país que terminaba de liberarse de los talibanes y todavía tenía los preceptos religiosos y machistas muy arraigados. 

 

Es una película donde la joven protagonista aspira a ser presidenta de su país y acude a la escuela sin el uniforme para que su padre, tradicionalista, no se entere de que ella quiere educarse e intervenir en las decisiones políticas. Es un momento de transición en donde lo viejo y lo nuevo se funden en contradicciones y disparidades que generan conflictos en las familias y en las pequeñas poblaciones.

 

Estas propuestas en formato conferencia, libro, fotografía y cine son muy interesantes para tomar el pulso y ser conscientes de la violencia de género en Afganistán, sin perder de vista, por otra parte, las cifras estadísticas sorprendentes que muestran la violencia en nuestro país y en Europa, con una democracia más antigua y, sin embargo, para nada erradicada.

 

 

Puedes seguir a Nadia Ghulam en Twitter.

 

 

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