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'Feminismo urgente. ¡A despatriarcar!', de María Galindo

A raíz del pase de varios audiovisuales del colectivo boliviano Mujeres Creando presentado por María Galindo (fundadora de Mujeres Creando) en el IVAM el pasado 9 de mayo, Mercè Galán hace una reseña de 'Feminismo urgente. ¡A despatriarcar!', el último libro de la militante feminista boliviana

Grafitti de Mujeres Creando

 

Mercè Galán — Feminicidio.net — 11/05/2015 

 

España, Valencia - El sábado 9/05/2015 tuvo lugar en el IVAM un pase de 80 minutos de varios audiovisuales del colectivo boliviano Mujeres Creando, presentado por María Galindo (fundadora de Mujeres Creando) y Marisol Salanova. Los films, de distinta factura, comparten una lucha activista comprometida y valiente; algunas veces con bastante humor e ironía y otras mostrando una realidad que te desgarra por dentro. Mujeres Creando no se reivindican exactamente como artistas, aunque todas sus acciones tienen la fuerza de la creatividad y la imaginación.

 

Pero, principalmente, en esta reseña quería comentar el libro Feminismo urgente. ¡A despatriarcar!, de María Galindo, que es verdaderamente inspirador y no tiene ni una coma de desperdicio. Puesto que parte del contexto político social de Bolivia, comienza diciendo que “No se puede descolonizar sin despatriarcar”. Galindo sabe bien de qué habla, y explora y disecciona el término para que podamos desmontarlo individual y grupalmente.

 

Por un lado, propone ocupar de nuevo la palabra feminismo. La lucha feminista ha sido anestesiada por políticas gubernamentales y por las oenegés, que, apropiándose del lenguaje contestatario, la están neutralizando y despolitizando. Por tanto, propone prescindir de ambas instituciones ya que no son necesarias para legitimarnos. Este tipo de institutos u oenegés para la mujer, podemos reconocerlas en muchos países instauradas por el Estado que las subvenciona, de este modo consigue controlar y hacer inservible la lucha feminista en las calles. El feminismo en el que ella se reconoce, es el que todavía crea incomodidad, tanto en hombres como en mujeres que reniegan, para negociar su propio espacio individual dentro del patriarcado.

 

“La postura y la palabra 'feminismo' funcionan entonces como repulsivas, como filoso cuchillo que abre un debate que no está saldado y que no se puede cerrar, sino sólo abrir y seguir abriendo”. (Galindo: 31)

 

Por otro lado, desde su periferia de lucha feminista callejera, la autora, aunque intelectual, no pretende escribir un texto académico, pues los círculos académicos parecen estancados en eso: en sus círculos. Galindo habla desde el pensamiento, la experiencia y  el corazón, intentando obtener claves para la liberación, y haciendo ver que el feminismo sigue fragmentado, disperso y domesticado. Y no sólo el feminismo, otros grupos celebran su ubicación en grupos identitarios, sin ver el marco general de la situación, que sigue atomizada, en donde nos tienen a todxs como en un zoo, juntos pero aislados, como producto y finalidad neoliberal.

Precisamente, el arma que sirve para la construcción de la identidad diferenciada y ser sujeto de enunciación, se convierte en el peor enemigo al estrangularnos en un grupo que no permite que tenga lazos relacionales con otros: “Juegas socialmente el papel de la víctima y siempre puedes denunciar tu debilidad, siempre puedes señalar las responsabilidades del sistema, del otro poderoso, pero jamás colocarte en una perspectiva realmente subversiva”. Galindo llega a estas conclusiones desde su posición de lesbiana superviviente en la que empleó años de su activismo “en vano, para trascender el discurso auto-afirmativo”, que después de ser liberador, se convierte en rutinario e “impide pensarse más allá de la condición de víctima”.

 

“Sólo las mujeres que están dispuestas a revisar sus propios mecanismos que las colocan como víctimas son las que salen de esa condición y se convierten en auténticas subversivas”. (Galindo: 61)

 

En este punto, llama al empoderamiento, a tomar las riendas del dolor y convertirlas en rebeldía. Galindo desconfía de esas mujeres que el sistema reclama para cubrir sus cuotas de igualdad y de las mujeres cuyo único mérito es ser mujer, pero que se adaptan perfectamente al formato que no amenaza el mercado político patriarcal. Bachelet, Kirchner, Lagarde o Merkel son altos exponentes, pero hay muchas más en las bases, tan domesticadas y sumisas como el patriarcado las necesita. Como dice Galindo, es como “ponerle faldas al patriarcado”. Por otra parte, cualquier hombre; aunque esté en una posición subalterna por su color, por discapacidad, por clase, por prácticas sexuales, etc.; mantiene un vínculo muy fuerte con el universal masculino, que aún le permite estar en una posición de poder respecto a otras, y es muy difícil que renuncien a esa cuota de patriarcado que les beneficia de algún modo.

 

La autora no se deja intimidar por el gobierno de turno, y reparte entre los distintos grupos identitarios el guión oficial a seguir: un guión inocuo, retórico y desideologizado.

 

“El guión oficial del movimiento gay es el matrimonio, el guión oficial de los indígenas es la reivindicación de los usos y costumbres, el guión oficial de las mujeres es el acceso al poder masculino, y así sucesivamente”. (Galindo: 70)

 

El libro no va a dejar indiferente a nadie. Sólo he mostrado unas pinceladas de un libro que abre la mirada a muchas reflexiones de temas espinosos, y, por tanto, no puedo dejar de recomendar su lectura y desde ahí pasar a la acción. Como la autora viene a decir: Trabajar desde nuestros  lugares de bronca, desde las asperezas, desde nuestra no resignación, así podremos convertirnos en una voz potente y poderosa.

 

 

Feminismo urgente. ¡A despatriarcar! de María Galindo

Editorial Lavaca

 

 

 

 

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