Suscribirse a Sindicar
Exposición "Mujeres: territorios artísticos de resistencia" en La Nau Valencia

El Centre Cultural de la Universitat de València acoge, del 8 de mayo hasta el 7 de septiembre, la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, una selección de obras realizadas por once mujeres que reflexionan con su ejercicio y quehacer artístico,con lenguajes y recursos muy diferentes, sobre la sociedad y cultura que hemos heredado y queremos mejorar. Sus discursos conforman territorios de compromiso, de denuncia, de revisión histórica, de resistencia

 

Imagen tomada del vídeo de Cristina Lucas La liberté raisonnée

 

Mercè Galán — Feminicidio.net  — 12/05/2014

España, Valencia - Un impresionante vestido negro nos recibe en la entrada de la exposición en La Nau. Y cuando escribo impresionante lo hago deletreando la palabra lentamente, porque no es lo mismo admirar el vestido de cable negro en una fotografía que verlo en toda su presencia. El vestido, obra de la artista Maribel Doménech se empodera del espacio físico con sus más de cuatro metros de anchura. El vestido conectado es expansivo, navega por el espacio de la sala en suaves ondas, deshaciéndose de tallas y ajustes contreñidores y asfixiantes. El cable con el que está tejido es metáfora de comunicación, de conducción, que viste el cuerpo de la nueva mujer conectada.

Tradicionalmente, una de las tareas propias de las mujeres ha sido la de las agujas y el hilo para confeccionar ropa a los miembros de la casa y, en algún rincón, podía hacer la labor con destreza y con mucho amor. La obra de Maribel Doménech subvierte la parte impositiva del patriarcado, para crear un vestido propio para la mujer, donde los nudos del vestido son como una red de nodos conectados a Internet, que reclaman salir de la soledad y del aislamiento del hogar, de la atomización que ha sufrido la mujer por el simple hecho de ser mujer. Maribel Doménech ha creado una conexión móvil, una segunda piel protésica que le permite conectarse desde una habitación propia (Wolf) y conectada (Zafra, 2010) o bien desde el espacio público, porque este vestido-prótesis unido al cuerpo, desde una conciencia crítica y política, nos acerca a la figuración cyborg donde repensarnos las mujeres.

Si el vestido de Maribel Doménech decía que se empodera del espacio, no menos lo hace la voz de la comisaria de la exposición, Irene Ballester. Escuchar sus palabras sobre las artistas que exponen, el contexto social y la invisibilización nos mantiene en un suspiro contenido. Ha hablado de feminismo y de la necesidad de seguir buscando espacios igualitarios dentro del arte, de una sororidad en la que es más necesario que nunca apoyar el trabajo de cada una de nosotras entre nosotras, porque el patriarcado no lo hará, y si alguien lo duda, puede visitar las estadísticas de mujeres artistas en la reciente muestra de ARCO, o en la noticia de hoy donde se reúnen los empresarios de España con el Presidente del Gobierno y no hay ni una sola mujer.

Caminamos a la siguiente sala, cinco artistas la comparten. Las obras seleccionadas dialogan bien en el espacio. Impecable. Ana Gesto propone dos fotografías de gran formato en blanco y negro y en donde la artista arrastra por una cuesta callejera unas cuantas cacerolas atadas a su cuerpo, en una acción envuelta de soledad y luz de farolas.

Diana Coca, en contraposición, muestra un par de fotografías donde el color cobra importancia. Unas imágenes muy duras, pues tras su superficial belleza observamos el cuerpo de la mujer como un deshecho, tras un acto de abuso y humillación.

Junto a ella, una fotografía en blanco y negro de Myriam Negre, con el cuerpo de una mujer fragmentado en dos en una mirada de tinte poético.

En la pared frontal, Inmaculada Salinas expande en un mural de noticias enmarcadas, la representación de la mujer presente o ausente recogida de los medios de comunicación.

Consuelo Chambó, deja abierta, en tres fotografías, la diversidad de cuerpos femeninos que existen, en contra de ese uno al que nos quieren reducir y someter con medidas de perfección que no son reales.

En la siguiente sala, Teresa Cebrián habla del dolor físico, con un vestido hecho de patrones y de alfileres que se clavan en él.

Rossana Zaera a través de los objetos cuenta historias creadas con objetos de otros tiempos y cargados de significados, objetos con memoria. Guarda su pelo desde niña y lo utiliza como hilo para coser, en una máquina antigua, lo mismo que tazas y platos delicados utilizados por su abuela y que remiten a la familia y al pasado.

Carmen Calvo interviene sutilmente sobre dos fotografías antiguas, resaltando, sin embargo, con potencia la falta de voz para “hablarse”, para ser sujeto de enunciación.

En la última sala una infografía de Marina Núñez que actúa de contrapunto por tamaño con la vídeo-proyección de Cristina Lucas. La sirena de Marina Núñez está atrapada y lucha por salir. Aquí no se trata de una sirena que busca un príncipe en tierra firme y del que se encuentra locamente enamorada, como la próxima película que dirige Sofía Coppola. El cuestionamiento de Marina Núñez es sin duda mucho más transgresor e interesante.

Cristina Lucas nos impacta con un vídeo en alta definición y velocidad, con una imagen lenta casi congelada, en donde los personajes parece que se salgan de la pantalla para invadir la sala. Las imágenes constatan como las mujeres han luchado a lo largo de la historia junto a los hombres y una vez finalizada la batalla, no se han beneficiado de los derechos conquistados, de nuevo el patriarcado las ha encerrado en la casa y sus labores, aisladas de otras mujeres para que no hicieran su lucha particular y lejos de la cultura y el pensamiento intelectual.

Una exposición muy recomendable.

 

Países: 

Artículos relacionados

Añadir nuevo comentario

Geo Feminicidio